Hay hombres cuya historia no termina con su partida, porque su vida queda entrelazada con las luchas, las esperanzas y los sueños de generaciones enteras. Uno de ellos fue el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, quien falleció este miércoles 28 de octubre de 2026, a los 92 años de edad, dejando una huella profunda en la historia política de México.
Hablar del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas es recordar también a Heberto Castillo Martínez, Rosario Ibarra de Piedra, Valentín Campa, Ifigenia Martínez, Porfirio Muñoz Ledo y Andrés Manuel López Obrador, entre muchas otras mujeres y hombres que, desde distintas trincheras y en diferentes momentos de nuestra historia, defendieron sus ideales y contribuyeron a abrir caminos para la democracia. Muchos se quedaron en el camino.
Fueron generaciones que conocieron la persecución política, la cárcel, la represión y las injusticias, pero que también encontraron en las movilizaciones populares la fuerza y la esperanza de transformar al país.
En 1987, junto con Porfirio Muñoz Ledo e Ifigenia Martínez, Cárdenas encabezó la Corriente Democrática, un movimiento que rompió con el PRI y cuestionó las prácticas políticas de un sistema que durante décadas había concentrado el poder. Aquella ruptura abrió paso a una de las mayores movilizaciones políticas de la historia contemporánea de México.
Llegó entonces el inolvidable 1988. El ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas recorrió el país llevando un mensaje de democracia, dignidad y esperanza. En plazas y calles encontró a miles de mexicanos que anhelaban un cambio y que vieron en su candidatura la posibilidad de construir un México diferente.
Aquel movimiento congregó distintas historias de lucha: la de Heberto Castillo, quien declinó su candidatura presidencial para respaldarlo; la de Valentín Campa, histórico dirigente ferrocarrilero y comunista que sufrió prisión por sus ideales; y la de Rosario Ibarra de Piedra, incansable defensora de los desaparecidos políticos, cuya trayectoria representó la lucha de miles de familias que exigían verdad y justicia.
La controvertida elección de 1988, marcada por la llamada caída del sistema, dejó una profunda herida en la democracia mexicana. Sin embargo, también despertó una conciencia ciudadana que ya no volvería a ser la misma.
De aquel proceso surgió, en 1989, el Partido de la Revolución Democrática (PRD), una organización que reunió a diversas corrientes de izquierda y a hombres y mujeres que durante décadas habían luchado por abrir espacios a la oposición y construir una alternativa política para el país.
Años después, Andrés Manuel López Obrador continuaría esa historia desde su propia trayectoria política, recorriendo comunidades, encabezando movilizaciones y construyendo un movimiento que terminaría por transformar el mapa político nacional. Aunque sus caminos y proyectos tuvieron diferencias, ambos quedaron ligados a distintas etapas de la lucha por el cambio político en México.
Cuauhtémoc Cárdenas volvió a contender por la Presidencia de la República en 1994 y 2000. Nunca alcanzó ese cargo, pero su trayectoria quedó estrechamente vinculada con la transformación del sistema político nacional.
En 1997 logró una conquista histórica al convertirse en el primer jefe de Gobierno del Distrito Federal elegido por voto popular, abriendo una nueva etapa en la vida democrática de la capital.
A lo largo de su vida defendió la soberanía nacional, el petróleo, la justicia social y la participación ciudadana. También enfrentó diferencias, rupturas y desencuentros que reflejaron la compleja evolución de la izquierda mexicana.
Con el paso de los años, vio partir a muchos de aquellos compañeros de una época irrepetible: Heberto Castillo, Valentín Campa, Rosario Ibarra de Piedra, Ifigenia Martínez y Porfirio Muñoz Ledo.
Cada despedida fue cerrando un capítulo de aquella generación que soñó con transformar México, pero sus luchas, sus ideas y sus aportaciones permanecieron en la memoria colectiva.
Hoy, con la partida de Cuauhtémoc Cárdenas, se apaga otra voz de esa historia. Permanece, sin embargo, el recuerdo de quienes caminaron contra la corriente cuando defender la democracia exigía valor, perseverancia y profundas convicciones.
El ingeniero se marcha sin haber ocupado la Presidencia de la República, pero con un lugar indiscutible en la memoria política del país.
Quedan sus tres campañas presidenciales, las plazas multitudinarias de 1988, la fundación del PRD, su triunfo electoral en la capital y una vida dedicada al servicio público.
Queda también el recuerdo de aquella generación de luchadores que, con sus coincidencias y diferencias, contribuyó a transformar la historia nacional y a ampliar los espacios de participación democrática.
Porque hay hombres que no necesitan llegar a la Presidencia para dejar su nombre escrito en la historia de México.
Descanse en paz, ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano.
Descansa en paz, ¡mi líder Cuauhtémoc!
«Democracia ya, patria para todos».


